BUDO/KNOWLEDGE MANAGEMENT

FUNDAMENTOS DE LA CULTURA ESTRATÉGICA JAPONESA. El modelo japonés de creación de conocimiento (1)

Observando el movimiento de las carpas en el estanque, es que el sabio detecta la proximidad del temblor de tierra

arbreAl igual que las carpas que sienten en su piel los movimientos sísmicos desde el momento en que se están originando y los expresan a través de un comportamiento específico, las empresas japonesas educan y entrenan su sensibilidad con el fin de que no exista un espacio, tan fino como para que un cabello pueda ocuparlo, entre la detección de una amenaza o de una oportunidad de una parte, y la acción adecuada de otra.

La naturaleza violenta del archipiélago ha hecho que en situaciones extremas, el razonamiento pausado, lineal o causal sean vistos por la cultura japonesa como opciones menos adecuadas para poder sobrevivir. El tiempo del análisis todavía no se ha consumido cuando la destrucción ha culminado, el tsunami destruyo, la tierra se ha abierto, el volcán ha escupido lava o el sable a degollado la cabeza del enemigo.

Esta sensibilidad implica un trabajo cotidiano y jamás se le deberá confundir con una respuesta imprevista o el resultado de un esfuerzo imperecedero sobre el cual uno se pueda reposar. En el Japón, tanto las modalidades de uso de las tecnologías de la información y la comunicación, como su acción en el contexto internacional, se inscriben dentro de esta orientación general en donde la cultura específica de la estrategia juega un papel determinante.

Fundamentos de la cultura estratégica japonesa

Durante el siglo XVI de nuestra era, en su texto emblemático y fundamental de la cultura estratégica japonesa, Tsunetomo Yamamoto declara que al encontrarse frente al dilema extremo de la vida o la muerte, el guerrero cuya prioridad sea salvarse nunca podrá movilizar la totalidad de sus recursos. Al contrario, pensar en morir es la condición para lograr el compromiso total, la más grande entrega y así poder superar sus propias capacidades. Cuatro siglos más tarde, en su comentario de este texto, el novelista Yukio Mishima concluye que la muerte es una consejera y la mejor asistente en la senda de un samurai.

Ya es bastante conocida la importancia que se le da al budo en la gestión y el despliegue económico japonés. Tanto el obstáculo, la resistencia y el enemigo como las evoluciones y los impedimentos del entorno, lejos de ser ocultados o negados, representan, al contrario, una escuela de perfeccionamiento, un punto de apoyo para la progreso y el mejoramiento. Las trabas, las dificultades y los malos funcionamientos son identificados, estudiados y respetados porque en su ausencia ya no habrá senda posible, es decir, do[6]. Todo actor, ya sea individual o colectivo, es totalmente responsable de sus fracasos y sus logros sin considerar ninguna excusa o estado de ánimo. Un estado de vigilancia permanente deriva de esta actitud. En la realidad de la excelencia japonesa a esto corresponde el lograr procesar la señal débil, y la información para producir conocimiento estratégico.

En Japón, continuando en este tema con los escritos del chino Sun Tzu, el combate no es más que la manifestación de lo que preexiste.

Siendo más una traducción de los hechos que una prueba de la verdad manifiesta a plena luz del día, quién debe vivir y quién desaparecer. En otras palabras, el combate revela quién esta en armonía con el entorno y quién no supo leer las condiciones impuestas por este y adaptarse en consecuencia. Esto implica para todo actor un trabajo constante de perfeccionamiento, anterior a toda acción tangible. He aquí una característica esencial del pensamiento budo.

El verdadero Japón sería mucho más de lo que deja ver de sí mismo. Sólo lo invisible es japonés, respondía Yukio Mishima a Michel Random, cuando éste se sorprendía porque sólo veía muebles franceses en el apartamento del novelista. La competencia, o el combate efectivo, se sitúa por encima de la esfera de lo visible y de lo manifiesto. El procesamiento de la información participa plenamente en esta preparación. Los dispositivos de comunicación acoplados a bases de datos pueden acortar los ritmos, pero existe una manera aún más eficaz, resultado de una exigencia cotidiana.

Así como la sensibilidad de las carpas doradas las vuelve capaces de manifestar los signos que el sabio siente, el japonés se encuentra en la escuela perpetua de las condiciones cambiantes que se le imponen y que le dan la oportunidad de desarrollar su do, su senda. Las artes marciales, el arte floral o la ceremonia del té representan, entre otras, expresiones de ésta. El entrenamiento sin descanso educa la sensibilidad al punto de volverla perfecta. Este estado de perfección que para una mente occidental resulta imposible de alcanzar, se manifiesta por tanto en el Japón en el estatus de tesoro viviente, de ser humano que en vida alcanza la perfección de un arte.

Un artesano cuyo trabajo con la laca sea perfecto puede ser declarado tesoro viviente por el Emperador. En la cultura japonesa la perfección puede ser de este mundo, aquí y ahora.

La perfección no se sitúa en una trascendencia, en un exceso o en una hipotética vida más allá de la muerte. Ella se logra cuando la voluntad del individuo deja de ser un obstáculo para el trabajo de la naturaleza, cuando ninguna viscosidad personal se interpone y disminuye la armonía natural. El maestro Ueshiba, creador del aikido, enseñaba a sus discípulos que aquel que se opusiera a él, se estaría oponiendo a la naturaleza misma. ¿Pero cómo oponerse a las leyes de la naturaleza? El maestro de kyudo Awaza, con quien Eugen Herrigel se iniciaría en el tiro al arco, declararía que no era él quien armaba el arco y ajustaba la flecha que alcanzaba el corazón del blanco. Algo tiraba a través de él. La flecha estaba literalmente atraída por el blanco ya que ella formaba uno sólo con este mucho antes que el tiro saliera.

El gesto justo se manifestaba por sí mismo en la pureza de una transparencia del arquero con las condiciones del contexto. Un gesto natural y necesario sin que ninguna voluntad personal se interpusiera. Esta representación filosófica de la acción se aplica a la empresa japonesa que se esfuerza por aprehender lo más pronto posible las condiciones de los mercados con el fin de adaptarse y conformarse en ellos.

Esta auténtica cultura de la anticipación es en parte, producto de los rasgos físicos del archipiélago. Por siglos, aquello que los japoneses no poseen en términos de espacio, se lo han procurado en el tiempo por medio de una capacidad para actuar particularmente en la precisión de los micro-ritmos. Ya que el espacio los priva de márgenes de maniobra o de libertad de acción, el paliativo consiste en procurárselos en el tiempo por medio de la anticipación basada, a la vez en el conocimiento, la sensibilidad y la excelencia práctica. El concepto de sen no sen o de la iniciativa[16] da cuenta de esta actitud profundamente enraizada en la cultura.

Ser sensible a las condiciones, que igualmente se traduce en la educación de la intuición, permite sentir una tendencia débilmente perceptible antes que ésta se concretice en lo real.

Esta perspicacia permite que el actor, individual o colectivo, se posicione y se inscriba en este espacio-futuro, todavía sin ocupar, con el beneficio energético de la precisión, tal como un surfeador cuando se une a la ola en su nacimiento. Sen no sen agrega una combinación simultánea de predicción, intuición, reflexión y movimientos asociados a una determinación sin fallas. De ello puede resultar lo peor o lo mejor ya que su esquema es ante todo local y táctico, hic et nunc. La falta de orientación de la visión de conjunto, la movilización extrema o el fanatismo producen resultados inútiles. En cambio, este esquema se revela excelente cuando es informado, aclarado, dirigido y puesto en coherencia en el marco de una visión global política y estratégica.

Desde el punto de vista filosófico, la conquista y la conservación de la armonía en función del cambio de las circunstancias es una finalidad suprema. En aikido, se insiste en el trabajo de aquel que experimenta una técnica (uke). Al adoptar el movimiento, manteniendo la armonía, el sujeto se pone en situación de retomar la iniciativa para dirigir la energía adversa. Sin embargo, esta precisión también se basa en el doble ejercicio de la sensibilidad a las condiciones del entorno y del trabajo permanente sobre sí mismo, el cual hace posible la adaptación.

La aptitud para el conocimiento (co-nacimiento) representa esta capacidad no sólo para percibir inmediatamente por medio de la intuición, sino también para actuar sin que sea necesario pasar por la lentitud de un proceso consciente. Conocer, nacer con las condiciones del mundo, cualesquiera sean las características, es el arte que engloba la acción en un proceso que se une al sentido, y lo deja manifestarse por sí mismo.

La educación de la sensibilidad a los signos está inscrita en la cultura japonesa. En el Japón, la comunicación no sólo es ampliamente dependiente del contexto, sino también esta basada en un no dicho decodificado en la recepción.

Una formulación demasiado explícita hecha por una persona puede aparecer como una ofensa ya que éste aparece como la prueba de la incapacidad de los interlocutores para entender por sí mismos por medio del tratamiento de los signos, aunque ténues, que les son transmitidos. Igualmente, una solicitud de esclarecimiento puede significar que la persona que ha explicado lo hizo mal y entonces sería ella quien perdería el rostro… Se requieren sutiles y formidables capacidades de observación para hacer hablar los signos sin que se imponga ni se interponga la necesidad de la demostración clara y diferenciada.

El tiempo que transcurre entre la explicación y la emisión se gana y se desplaza a nivel de la recepción la cual debe hacer el trabajo. Los maestros japoneses no se complican con demostraciones paso a paso. Ellos dan a sentir y percibir una técnica a través de un movimiento global, una esencia con la cual se entra en resonancia. En Japón, las palabras no son los mejores vehículos para la comunicación, son demasiado lentas y específicas, demasiado limitadas en sus significados. Al contrario, el componente tácito esta desarrollado en su más alto punto.

A SEGUIR : La plasticidad generadora de la información.

Pierre Fayard (Dunod 2006). Le réveil du samouraï. Culture et stratégie japonaises dans la société de la connaissance. Bucarest, Polirom (2007) : Trezirea samuraiului. Cultura si strategie japoneze in societatea cunoasterii. Porto Alegre, Bookman (2010). O modelo inovador japonês de gestao do conhecimento. Lisboa & Beijing, to be edited in 2015.

Fumikatsu Tokiwa, Management based on Nature’s Wisdom, Tokyo 2000 : http://pmfayard.com/2015/03/27/le-management-fonde-sur-la-sagesse-de-la-nature/

Herrigel Eugen, Le zen dans l’art chevaleresque du tir à l’arc, Dervy Livres, Paris 1976.

Junichiro Tanikazi, Eloge de l’ombre. Publications Orientalistes de France, Paris 1977.

Mishima Yukio, Le Japon moderne et l’éthique samouraï, Arcades Gallimard, Paris 1985.

Musashi Miyamoto, Gorin-no-sho, Traité sur les cinq roues, Maisonneuve et Larose, Paris 1985.

Nishida Kitaro, An Inquiry into the Good, traduit par M. Abe & C. Ives, New Heaven, CT : Yale University Press, 1990.

Nonaka Ikujiro, The Concept of « Ba » : Building a Foundation for Knowledge Creation, California Management Review, Vol. 40, n°3, Spring 1998.

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